“Por lo tanto, también nosotros, que tenemos tan grande nube de testigos a nuestro alrededor, liberémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que le esperaba sufrió la cruz y soportó la humillación, y se sentó a la derecha del trono de Dios.”
Hebreos 12:1-2 (RVC)
El autor de Hebreos utiliza la poderosa imagen de un antiguo estadio para describir la vida cristiana. Nos presenta como corredores en una carrera, animados por una “gran nube de testigos” – hombres y mujeres de fe que ya terminaron su jornada terrenal.
Para correr bien, un atleta no se pondría un abrigo pesado de invierno ni cargaría equipaje innecesario. Dejaría todo eso atrás. La Escritura nos llama a hacer lo mismo espiritualmente, dejando atrás dos cosas diferentes: el pecado (que nos hace tropezar y nos atrapa) y las barreras (los pesos o distracciones, que quizás no sean pecaminosos en sí mismos, pero que aún así pueden hacernos más lentos y dificultar nuestro caminar con Dios).
Finalmente, el pasaje nos muestra la estrategia fundamental para perseverar: mantener nuestros ojos puestos en Jesús. Él no está simplemente esperando en la meta. Él es quien abrió el camino, recorrió la carrera perfectamente delante de nosotros y ahora nos sostiene en cada paso.
La vida a menudo acumula peso sobre nosotros. Si no somos intencionales, fácilmente podemos encontrarnos espiritualmente agotados, tratando de correr nuestra carrera mientras cargamos con el peso de las preocupaciones, el ruido digital, demasiados compromisos o la búsqueda constante de comodidad y satisfacción en las cosas de este mundo. Estas distracciones diarias no siempre parecen ser cosas “malas”. Pero cuando comienzan a consumir nuestro tiempo, nuestra energía y nuestra atención, se convierten en pesos que nos impiden avanzar hacia Dios.
¿Alguna vez te has quedado sin espacio de almacenamiento en tu teléfono? A menos que liberes espacio —por ejemplo, revisando y eliminando aplicaciones innecesarias— toda esa acumulación puede impedir que recibas una actualización importante, lo cual puede dejar tu sistema operativo vulnerable o hacer que te pierdas nuevas funciones. Tu teléfono simplemente deja de funcionar como debería.
A veces, “correr con perseverancia” significa hacer una revisión diaria de nuestras propias “aplicaciones descargadas.” Debemos examinar nuestros hábitos, nuestros horarios, nuestra manera de pensar y nuestras relaciones, y preguntarnos: “¿Esto me está ayudando a correr hacia Jesús, o me está deteniendo?” Cuando intencionalmente eliminamos las distracciones, descubrimos una nueva fuerza y el vigor espiritual que necesitamos para correr la carrera de la manera en que Dios nos ha llamado a hacerlo.
No se trata de llenar nuestra vida con más actividades espirituales. Se trata de hacer espacio para Jesús.