Día 1 – Rendición

“Si el Señor no edifica la casa, de nada sirve que los edificadores se esfuercen. Si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que los guardias la vigilen.” Salmos 127:1 RVC

Toda gran construcción comienza de la misma manera: con rendición. Antes de que se coloque el fundamento, que se ponga un solo ladrillo y se trace el primer plano, el constructor debe decidir quién estará a cargo del proyecto. Lo mismo sucede con tu vida. Cada año, las personas tienen sueños, esperanzas y planes, y eso es algo bueno; pero si Dios no es quien dirige el proceso de construcción, podemos encontrarnos agotados, frustrados y preguntándonos por qué nada parece permanecer firme.

El Salmo 127 nos recuerda que toda casa edificada sin Dios tarde o temprano se derrumba, no porque no te hayas esforzado lo suficiente, sino porque no fuiste diseñado para ser tu propio constructor. Fuiste creado para depender de Él y solo de Él. Cuando rindes tus planes, tu tiempo, tus temores y tus resultados a Dios, no estás perdiendo el control; estás invitando una fuerza sobrenatural, sabiduría y dirección divina que jamás podrías producir por ti mismo.

Rendirse no es perder. Rendirse es comenzar desde el único lugar donde tu vida puede ser verdaderamente edificada: a los pies de Jesús.

HOY

  • Pídele a Dios que tome el control.
  • Identifica un área de tu vida que has estado manejando sin Dios.
  • Sustituye el esfuerzo humano por la confianza en Él.
  • Comienza tu año con las manos abiertas – lo que entregas a Dios, Él puede fortalecer; aquello a lo que te aferras, Él no lo puede restaurar.