“Quien se junta con sabios, sabio se vuelve; quien se junta con necios, acaba mal.”
Proverbios 13:20 RVC
Nunca fuiste creado para vivir esta vida en soledad. Dios te diseñó para crecer a través de las relaciones que te afilan, mentores que te guían y una comunidad piadosa que te sostiene cuando más lo necesitas. Las personas más cercanas a ti están moldeando, día a día, la persona en la que te estás convirtiendo. Proverbios nos lo dice con claridad: tus relaciones o te edifican o te desgastan.
Las relaciones saludables no suceden por casualidad; se construyen con intención. Requieren honestidad, humildad, perdón y ánimo constante. Requieren elegir caminar con personas que te acerquen a Jesús, no que te alejen de Él. Cuando caminas con sabios, creces en sabiduría. Cuando te rodeas de personas que aman a Dios, aprendes a vivir con integridad y a buscar crecimiento. Su fortaleza influye en la tuya.
Al mismo tiempo, las relaciones no saludables pueden drenar tu energía, distorsionar tu identidad y distraerte de tu propósito. A veces, lo más espiritual que puedes hacer es redefinir quién tiene acceso a tu corazón.
Tu círculo más cercano forma parte de la estructura de tu vida. Si deseas una vida firme y estable, constrúyela junto a personas que te ayuden a mantenerte firme.