“En cierta ocasión, Jesús estaba orando en un lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.»”
Lucas 11:1 (RVC)
Antes de que Jesús les enseñara a Sus discípulos cómo orar, ellos primero observaron como Él oraba.
A lo largo del Evangelio de Lucas, vemos una y otra vez cómo Jesús se apartaba para pasar tiempo a solas con el Padre. Los discípulos habían visto Sus milagros, Su sabiduría, Su autoridad sobre los demonios, Su compasión y Su paz aun en medio de la presión. Ellos reconocieron que Su ministerio público fluía de Su relación privada con el Padre. En lugar de preguntarle: “Enséñanos a predicar” o “Enséñanos a hacer milagros”, le pidieron: “Señor, enséñanos a orar.”
Este pasaje revela algo hermoso acerca del carácter de Dios. Dios no está distante ni está desinteresado en tener una relación con nosotros. Él recibe a Sus hijos y nos invita a disfrutar de una comunión íntima con Él. Jesús no presentó la oración simplemente como un deber religioso. Él nos mostró que la oración es una conversación de amor entre un Hijo y su Padre.
La verdad principal es ésta:
Una relación viva y profunda con Dios se cultiva permaneciendo en Él, no simplemente haciendo cosas para Él.
La oración no se trata principalmente de obtener cosas de Dios. Se trata de conocer a Dios, parecernos más a Él, alinear nuestro corazón con Su voluntad y depender de Él cada día. Jesús sabía que, si Sus discípulos aprendían a permanecer cerca del Padre, todo lo demás en el ministerio y en la vida fluiría de esa relación.
Hoy Dios me está invitando a valorar Su presencia más que mi productividad.
Antes de liderar a otros, tomar decisiones, resolver problemas o perseguir metas, primero estoy invitado a sentarme con mi Padre. Mi mayor fortaleza no está en mi capacidad, sino en mi dependencia de Él.
Hoy puedo preguntarme:
Quizás Dios me está invitando a:
Hoy puedo vivir de una manera diferente: disminuyendo el ritmo, escuchando antes de hablar y recordando que, antes de ser líder, trabajador, esposo, esposa, padre, madre o amigo, soy un hijo o hija amada de Dios.