Día 6 – Fortalece tu vida de oración

“En cierta ocasión, Jesús estaba orando en un lugar y, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.»”
Lucas 11:1 (RVC)

Antes de que Jesús les enseñara a Sus discípulos cómo orar, ellos primero observaron como Él oraba.

A lo largo del Evangelio de Lucas, vemos una y otra vez cómo Jesús se apartaba para pasar tiempo a solas con el Padre. Los discípulos habían visto Sus milagros, Su sabiduría, Su autoridad sobre los demonios, Su compasión y Su paz aun en medio de la presión. Ellos reconocieron que Su ministerio público fluía de Su relación privada con el Padre.  En lugar de preguntarle: “Enséñanos a predicar” o “Enséñanos a hacer milagros”, le pidieron: “Señor, enséñanos a orar.”

Este pasaje revela algo hermoso acerca del carácter de Dios. Dios no está distante ni está desinteresado en tener una relación con nosotros. Él recibe a Sus hijos y nos invita a disfrutar de una comunión íntima con Él. Jesús no presentó la oración simplemente como un deber religioso. Él nos mostró que la oración es una conversación de amor entre un Hijo y su Padre.

La verdad principal es ésta:

Una relación viva y profunda con Dios se cultiva permaneciendo en Él, no simplemente haciendo cosas para Él.

La oración no se trata principalmente de obtener cosas de Dios. Se trata de conocer a Dios, parecernos más a Él, alinear nuestro corazón con Su voluntad y depender de Él cada día. Jesús sabía que, si Sus discípulos aprendían a permanecer cerca del Padre, todo lo demás en el ministerio y en la vida fluiría de esa relación.

Hoy Dios me está invitando a valorar Su presencia más que mi productividad.

Antes de liderar a otros, tomar decisiones, resolver problemas o perseguir metas, primero estoy invitado a sentarme con mi Padre. Mi mayor fortaleza no está en mi capacidad, sino en mi dependencia de Él.

Hoy puedo preguntarme:

  • ¿Estoy pasando más tiempo trabajando para Dios que estando con Dios?
  • ¿Trato la oración como mi último recurso o como mi primera respuesta?
  • ¿Estoy tratando de cargar responsabilidades que Dios nunca me pidió llevar solo?

Quizás Dios me está invitando a:

  • Comenzar a priorizar un tiempo sin interrupciones con Él.
  • Dejar de depender únicamente de tu propia sabiduría y fortaleza.
  • Rendir la presión de querer controlar los resultados.
  • Confiar en que permanecer en Cristo producirá fruto duradero.

Hoy puedo vivir de una manera diferente: disminuyendo el ritmo, escuchando antes de hablar y recordando que, antes de ser líder, trabajador, esposo, esposa, padre, madre o amigo, soy un hijo o hija amada de Dios.

Reflexiona

  • ¿Mi vida de oración está impulsada principalmente por una relación con Dios o por mis peticiones?
  • ¿Cuáles cosas compiten cada día por el tiempo que debería pasar con Dios?
  • ¿En cuáles áreas estoy dependiendo de mis propias fuerzas en lugar de depender de Dios?
  • ¿Qué cambiaría hoy si realmente creyera que mi Padre se deleita en pasar tiempo conmigo?
  • ¿Cómo puedo abrir espacio hoy simplemente para estar con Jesús?

Ora

  • Dale gracias a Dios porque te invita a tener una relación personal e íntima con Él.
  • Pídele al Espíritu Santo que desarrolle en ti un deseo más profundo de orar, en lugar de ver la oración como una obligación.
  • Entrégale toda ansiedad, presión o responsabilidad que hayas estado tratando de cargar por tu propia cuenta.
  • Ora por un corazón que busque la presencia de Dios antes que Sus provisiones.
  • Pídele a Dios que te ayude a permanecer en Cristo hoy, para que cada decisión, conversación y oportunidad fluya de tu intimidad con Él.
  • Ora para que Dios te conceda la gracia para parecerte cada día más a Jesús mientras pasas tiempo con el Padre.